viernes 23 de mayo de 2008

Ayer, hoy y mañana.


Una espiral de humo surcaba el espacio y uno ruidos del fondo le hacían desconcentrarse de alguna tarea que estuviera perpetrándose, azotándole con fusta las instigaciones le flagelaban la conciencia arrancándole con saña las intenciones del hacer, sintiéndose confuso vago por recónditos parajes que se extendían por las calles de lo infinito, caminando por las sendas de aquello que se disponían ante su ser para ser recorridas, surco la basta llanura de la soledad, aborreciendo la desidia del transito, hastiado por los desaires que le circunscribían, los hechos que le habían hecho sangrar las heridas de batallas pasadas.
Nunca fue fácil saber donde ir, que escoger, porque hacerlo, para que intentarlo, cuando sería el momento, como se dispondría para poder conseguirlo, un sueño, unas simples palabras escritas en un papel, un simple susurro que destruyera los cimientos en los que se sustentaba la frágil haz de su existencia, todo había cambiado, y lo único que podía hacer era divisar aquellos ojos que tantos devenires habían acosado a su atormentados sesos.
Simplemente el eco de su voz flotando en la inmensidad le martilleaba como si fuera el yunque de la fragua de Vulcano, sus ojos le habían llevado a encaminarse hacia la demencia intentando descifrar los enigmas que expresaban su miradas, su sonrisa le hubiera resucitado si su aliento hubiera acariciado sus mejillas amortajadas.
Sabia que estaba ahi, pero se negaba a la verdad, y prefirió saltar al vació de su ausencia, y la distancia los separó para siempre, solo cuando soplaba cierto viento, conseguía avivar las brasas de lo que pudo ser y no fue, entonces un suspiro le devolvía a la realidad.

lunes 21 de abril de 2008

Gotas en el cristal



Absorta era su mirada, cuando no hacia mas que a atreverse a observar la disparidad de la lluvia golpear los pulcros cristales del ayer. Su mirada vagaba por cada nueva gota de diáfana transparencia que resbalaba por la extensibilidad del espacio que disponía el cristal de aquella ventana.
Aquella ventana, un espacio abierto al mundo exterior, una brizna de aire hacia todo aquel mundo que se extendía mas allá de las fronteras de lo imaginable, fuera de los conocimientos inexorables del hombre que se quedaba ensimismado en la observación de una flotante gota a través de un cristal.
Un hombre que no conciente en otros tiempos, de las posibilidades del devenir de una insignificante gota, un hombre de vida ordinaria y vida anodina que no se paraba en prestar conciencia de las particularidades de la vida proyectados en la gran escenografía del mundo.
Un hombre que se preocupaba mas de sus valores en la bolsa, en los cientos de cuartos que podría obtener con las inversiones en no se cuantos asuntos, abnegado hijo de los deberes, icono de los deseos de los hombres, idolatrado benefactor de las posibilidades imaginables de las que solo puedes disponer los afortunados elevados peldaños de la escalera.
Ya no pudo volar mas, y cuando los aires dejaron de proporcionarle la esencia para poder surcar los altos cielos, entonces no quisieron saber nada mas de el.
En un profundo desasosiego entro su alma, su mente se transformo en un sarcófago de putrefacciones de las hipocresías que le rodeaban, injurias que se debatían en sus envenados labios, blasfemias surcaban las enmarañadas redes del pensamiento.
Ahora en su retina grabada se había quedado la palabra venganza, y el fuego que le ardía en su interior forjaba las trazas de una titánica estratagema para confinar al fin a aquellos que se atrevieron a conducirle a la inmundicia a la que habían abocado su alma.
Tal fue que la desidia que atormentaba la interioridad de aquel ser, tanto odio albergado por milímetro, que le diagnosticaron aquella enfermedad que le imposibilitaría poder moverse.
Ahora postrado se encontraba observando la estela que dejo la gota, ahora veía que a través de aquellas minúsculas fragmentos de rocío que quedaban del rastro de la gota, el sol, que acababa de salir, lo atravesaba, y se fragmentaba en centenares de colores que penetraban en la habitación, inundándola de la esencia de la vida.
Lo veía y no podía hacer otra cosa que reírse.

martes 15 de abril de 2008

Viaje a Segovia

La ciudad preciosa a su antojo, se divisaba a su paso como si estuviera en una película, no sentía los pasos que sus pies hacían al andar por las estrechas callejuelas, ni se dejaba intimidar por el frío que intentaba penetrar en su cuerpo sin invitación previa, las majestuosas vistas de algodonosas nubes esparcidas por su campo visual contrastaban con las adoquinadas calles que le evocaban a tiempos ancestrales, donde antiguas gestas, en aquellas calles se forjaron, en los delirios incestuosos de hidalgos taimados y de juglares que buscaban la compañía de unas monedas arraigadas en las fardos de presuntuosos caballeros.

Los estilos convergían en un fragante encantadora que embriagaba la esencia del ambiente, envolviendo en una constelación de locuacidad esperpéntica las esquinas de los mohínas calles del casco antiguo, desembocando en las maravillas arquitectónicas perpetradas por ociosos adinerados, poseedores del poder de dominar las conciencias de sus súbditos con la fragancia de la enmarañada corrupción económica.

La sangre derramada vadeaba la cuenca del desfile de las cúpulas abruptas, surcando la escarpada fachada de una angosta madeja de esculturas engastadas en una amarillenta piedra. La luz atravesaba las vidrieras sobrecargadas de representaciones de pasajes bíblicos, y las luces eléctricas, invadían los secretos custodiados por las antiguas sombras de las tinieblas, abriendo un espejismo de reliquias que quedaban vedadas a los mortales.


Alegoría del árbol de la vida ( Ignacio de Ries, 1653)


Desfile de peregrinos que acoge el lugar, buscan tascas de saciedad donde converger con la sociedad, pero se evaporan como humo de tabaco fluctuando por el espesor de la trivialidad, en ausencia de acaudaladas cuentas, que llevan a degustar las viandas frugales que no sacian las exigencias de los deseos de sus consumidores.


Castillos de señores feudales, que abrazaban el poder con su mano derecha, y con la izquierda acariciaban los voluptuosos senos de sus mas que numerosas amantes, mancillando el buen nombre de las señoritas de las zonas, y buen conocedor de los placeres terrenales, el cual aferraba hacia su persona con el ahínco de no desposeerse de ninguno de ellos por ser dueño y señor de todo aquello cuanto divisaba a su frente. Su casa fortaleza de sus valores, protegida a capa y espada, resguardando la virtud del placer.

Sus piedras caminaban y ansiaban deseo de deambular, senderos de inmensidad, soledad vagabunda de sus recovecos, sale al encuentro de los turistas en busca de un atisbo de deslumbrar con su semblante de señora madura pero con picardía de ingenua adolescente, devastadora atrocidad que devora las anodinas vidas de los que a ella acuden.

viernes 11 de abril de 2008

El fruto prohibido

Al fondo del pasillo se encuentra una habitación: En la habitación hay un escritorio, donde seria difícil poder encontrar algo, si eso fuera lo que se quisiera llevar a cabo.
Un escritorio abarrotado de la infesta inmundicia, que abarca toda su extensión.
¿Toda? No cuando se perfila sangre dorada.

Unas botellas de cerveza se divisan en una de las esquinas. Destellos dorados que ciegan las pupilas, refractan sus etiquetas, grabados áureos se fraguan a fuego en mis retinas, con las letras de imported, que me hacen soñar con lugares lejanos.

La luz de la luna se cuela por la ventana, perfilando la esbelta figura de su contorno, los rayos luminosos consiguen atravesar el grosor del vidrio, y nos desnudan su interior, donde la esencia de malta se concentra por milímetro.

Preciado elixir, que eleva mi fulgor por desearte hasta la saciedad, deseo infinito, de sentirte entre mis labios, y mi paladar poder degustarte. La gula y lujuria me invaden cuando por esos rincones del deseo te encuentro, amordazándome y arrastrándome a los infiernos del delirio.


Final proporcionado por alize:
Aderezo tus curvas de vidrio con una canción triste. O quizá es que la tristeza soy yo; y mis labios envenenan de ella tu cuello frío. Voy prendiendo besos por toda tu geométrica anatomía.
Ríes.
Te tomo entre mis manos y tú continúas riendo. Te sabes lejos de mí; y es por eso que permites que acaricie tu indómita piel ambarina. Muestras tus dientes filosos de loba en celo; y con cada mordisco cauterizas un poco más eso que me haces.
Duele pensar.
Olvido que eres sólo una vulgar botella. Hablo de ti como hablo de tantas otras mujeres hermosas. Te disfrazo de historia breve; imagino que, a tu manera, me amas.
Deliro, en suma. Me doy en cuerpo y alma a ti. Te supongo bella.
… No eres tú, rubia, quien tortura mi alma. Pero tenerte aquí hace que ella, la morena, parezca más lejana.

Dedicado a Alicia.
Por esos momentos etílicos,
y sobretodo por su amistad.

lunes 7 de abril de 2008

El vagabundo



La soledad de un ausente habitación le hacia recordar las aventuras del pasado, ahora grabadas en su efímera memoria, que destilaran recuerdos nostálgicos en un futuro, pero en el presente significaban esa esencia de mitificación que le enardecían.

El ahora no era mas que otra absurda incógnita sembrada en un mar de dudas, el deseo solo se esbozaba en hechos con quereres de intención, la verdad, lo único tangible que disponía, narrado estaba en la senda que no se ha de volver a pisar.

En su mente se imaginaba en el ayer, pero ya no era ayer, sino mañana o quizás el nunca, el que mas da, de un cigarrillo que dejo mas desazón, que excitante sensación de vana exaltación propia

Entre calada y calada, recordaba aquella tarde de sábado, cuantos acontecimientos ocurren en un día, los cuales muchos caen en el olvido, y entre todos, uno que cautiva, una incógnita que se plantea, la solución es vaga para nuestra compresión, y es posible que no exista o que existan múltiples soluciones, tantas como personas haya, y al final todo da igual porque los sucesos se esfuman, y la vida se vuelve tan cotidiana como siempre lo había sido.

En un vagón de cercanías, la gente ensimismada se abstrae, se evade de la absurda realidad, e imagina mundos de yupi, y entre todo hay ocasiones en el que la realidad incide en sus vidas, no pudiendo dejarlas a la deriva.

Un hombre en el centro del vagón, sus ropas harapientas ponen en evidencia la precariedad de sus circunstancias, su mirada suplica piedad, la comprensión a veces hace vagar a la mente por la circunstancias que avocaron a aquel ser a lo que es hoy,
y a pesar de los prejuicios que irremediablemente sabe que de ello puede derivarse, aquel hombre aboga porque nos pongamos en su piel, que veamos a través de sus ojos su propia realidad, oh!, entonces, es cuando se produce el milagro, la capacidad del ser humano de imaginar como podría ser, un hombre que a pesar de semejante humillación, arrodillando su dignidad, no le queda mas remedio que verse sometido aquella clase sufrimiento, a favor de unos niños que no tienen que poder comer.

A cuantos les cautivaría una plegaria de suplica, de piedad, de comprensión, cuanta gente se pondría en su lugar y daría una mísera calderilla que no hace mas que roer el suelo de la cartera, cuanta gente divagarías sobre que asuntos escabrosos le llevaron a la circunstancia en la que se encontraba…y a cuantos otros aquel que le observaba no había rechazado a tantos otros en esa misma situación, pero a veces uno no pude hacer callar la voz de la conciencia, y se deja callar a la voz de la razón, es busca de un mundo mejor, o por lo menos que lo parezca.

sábado 8 de marzo de 2008

Only one

Ella, entre todas las demás, solo ella y nada más, solo ella, the only one…ahora se pierden las palabras que perduran para siempre, en la eternidad de lo infinito…o simplemente en una hora maldita, una situación irrisoria, y un asunto de que jactanciarse.



Ruido de unas llaves al intentar abrir una puerta:

A: hey, hola, pues había venido haber si estabas en tu habitación, y como no estabas me dirigía a la habitación de “c”.- camino de otro habitación, que se encuentra en el mismo pasillo, el ruido le alerto, por desgracia, y le puso al tanto de la llegada-.
B: si acabo de llegar –claramente evidente (si ven que vienes con el abrigo puesto, y con la mochila colgando al hombro) pero no para todos-.
A: ah, que acabas de llegar.
B: si tenia…- se dijo que se venia de clase o de practicas, en realidad se venia de estar tomando algo con “only one”, pero no se dijo para no aumentar tensiones internas.
A: amm – onomatopeya que quiere significar me acabo de dar cuenta, a pesar de todas las evidencias del universo.

Lo vio cuando se asomo a la vuelta de la esquina, no parecía verdad, todo se percibía muy distorsionado, las intempestuosas horas del día habían amedentrado su mas que mellada coraza, desidia era todo lo que embragaba su mente, y en vez de poner los pies en polvorosa, huyendo, lo cual seria la solución mas optima, fue para adelante con paso firme y con cuidado no vaya a descubrirle, pero un ruid que retumba en el pasillo amplificando el significante susurro, pone a flor de piel cierto animo de desencuentro.

Delante de la habitación, hay otra habitación.
En su interior los protagonistas descubren gentes, en concreto dos chicas, que en un principio no parecen conocer, esta situación concentrara la esencia de la historia.

Por fin se abre la puerta de la habitación, se enciende una luz y mantienen una conversación animosa con las chicas de la habitación de enfrente.

A y B: Hola
Chicas de la habitación de enfrente: Hola

Todos muy educados. Una vez dentro de la habitación.

B: ¿Te has enterado que han ingresado a mi vecino?.- así es, no se preocupen, ya esta bien, por ahora claro. No me tachen de perverso, pero digo esto porque fue ingresado por inhalar ciertos productos tóxicos, lo cual le origino un neumotórax, por eso digo por el momento, por que todavía sigue oliendo mi habitación a aromaterapia,proveniente de su habitación-.
A: pues la verdad es que no, ¿que le ha pasado?
B: al parecer tiene un neumotórax, ya sabes por sus hábitos.
A: ah, ya entiendo.
B: el otro día estuvo su madre cenando aquí en el colegio. No se si te fijaste en una mujer que se sentó en la misma mesa que el director.
A: pues que te iba yo a decir, que si , que me suena haberla visto.
B: y ahora esas chicas en la habitación, que ni me suenan, ¿tu las conocías?
Atentos a la jugada.
A: la verdad es que no. A mi, menos “only one”, todas las demás me parecen igual.- discurre cierto periodo de tiempo, fueron segundos, pero parecieron mas, y propiciado, lo mas seguro, por el jeto que debió poner B, se añadió-. bueno claro que también están las que van conmigo a clase.- que también residen en el mismo colegio-.

Hay que referir, que la expresión “only one”, fue propiciada por el suceso mencionado, en un contexto totalmente ajeno a dicho momento, y que se creo para jactanciarse de la susodicha, la cual se refería el protagonista A en sus alusiones (o ilusiones que viene a ser lo mismo).

lunes 25 de febrero de 2008

No comiendo voy tirando para los gastos (parte II)

Un destino macabro.

Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina. (Gilbert Chesterton)


Un visitante esporádico de los mundos de yupi, un soñador pero sin sueños, un feligrés de una secta de autómatas, que se dirige inexorablemente a lo que las listas de practicas le dispongan, y mientras tanto imagina que no las tuviera, suplica que ciertas circunstancias transgredieran los imaginativos esbozos de sueños, para aplazar indeterminadamente una agonía, del que únicamente era culpable por pagar unos vinculantes créditos.

Ni las legañas, ni alguna de las cabezas que se interponían entre él y aquella inquisidora predictora del destino, según la cual, en uno de sus cuan numerosos apartados, venia a disponer una trascripción, que venia a nombrar su nombre.

Hubiera deseado que fuera una lista de la lotería, pero aquel premio que le habían concedido, era una cadena semanal, a lo que posteriormente descubriría, que sería un viaje a las profundidades de la demencia y a los trastornos psiquiátricos que padecía el susodicho educador/medico y para él, loco de la colina, montado a lo cowboy en un ojo mecánico.

Echadas las cartas, la mano había salido pésima, como si el que las hubiera repartido tuviera manitas de cerdo, o posiblemente una pequeña venganza del destino con los elixires del cautiverio estudiantil.

Los reos en el patíbulo, se congregan, comentan la jugada, cada cual con su pareja, los juegos de médicos, son para dos, aunque a veces, se cuela alguno mas, entonces se convierte en un parchis.

Pues una vez repartidas las fichas, camino del calvario van, y van como si cruz que llevaran, lo cual hace que el camino se prolongue más de lo debido, un voluntario exceso de retraso.

La búsqueda.

Yo no busco; yo encuentro. (Picasso)

Los rayos caen como agujas en un día que parece primavera, y esas ganas de huir que te hacen un guiño, pero un pequeño grillo, conciencia perdida, y encontrada por desgracia en las verdes praderas próximas a la zona de prácticas.

Allá como Colón que señalara, un nuevo horizonte, y un poco más abajo el destino que ha de venir. El hospital, viejo por fuera, alberga el caos en su interior. Una trémula sensación de desasosiego que se inhibe progresivamente hasta convertirse en rutina

Conocidos los secretos que aquella estructura quería esconder, no es ningún obstáculo para un estudiante de prácticas desvelar sus más íntimos entresijos, ya que básicamente no se hace más que investigar aquel habitáculo tan minuciosamente, que podría uno decir que fue el arquitecto que la diseño.
Cada una de las plantas, de los recursos, de las estancias de espera, de los quirófanos, de las consultas, y demás dependencias es lo que uno llega a aprender, de unas tediosas prácticas, sobretodo, cuando son impartidas por individuos que creen que los estudiantes son obnubilaciones y centelleos creados por su obtusa lente cristalina.

Una puerta secreta, permite el paso a los estudiantes, a médicos y a todo el mundo que pregunta como se puede pasar por ahí. Una vez infiltrados, la cosa se pone tensa, hay que buscar las consultas de oftalmología, y como se puede suponer, ni idea, pero por ahora, como todo, después de una búsqueda intensiva, preguntar a la esclarecedora señorita de información, y media hora de reloj, se puede encontrar el tesoro.

 
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